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jueves, 1 de octubre de 2015

Fallas - Valencia (15 al 19 de Marzo)

El origen de la fiesta de las Fallas se remonta a la antigua tradición de los carpinteros de la ciudad, que en vísperas de la fiesta de su patrón San José, quemaban frente a sus talleres, en las calles y plazas públicas, los trastos viejos e inservibles junto con los artilugios de madera que empleaban para elevar los candiles que les iluminaban mientras trabajaban en los meses de invierno. Por ese motivo el día de la cremà, momento en el que arden los monumentos falleros, siempre coincide con el día 19, Festividad de San José.

En el siglo XVIII, las Fallas se reducían a piras de materiales combustibles que recibían el nombre de Fallas y quemaban al anochecer de la víspera de San José.

Estas Fallas fueron evolucionando y cargándose de sentido crítico e irónico, mostrándose sobre todo, en los monumentos falleros, escenas que reproducían hechos sociales censurables y crítica social siempre con sentido del humor.


Valencia, ejemplo de modernidad, puerto del Mediterráneo y capital de grandes eventos, se transforma en marzo para convertirse en una ciudad entregada a su fiesta, a la música y a la pólvora.


Las Fallas, las fiestas del fuego por excelencia, se mantienen desde hace siglos tan espectaculares, desmesuradas y barrocas como el propio valenciano. En los albores del invierno, la ciudad se tiñe del color de las flores y de la pólvora para recibir la primavera y a más de un millón de visitantes, que entre la música de las bandas y el estruendo de las mascletàs recorren los monumentos falleros, este año más de 700.

La Exposición del Ninot, la plantà, la Cabalgata del Reino, los castillos de fuegos artificiales, la Ofrenda de flores a la Virgen y la Nit del Foc, son algunas de algunas de las imprescindibles citas falleras.

Lo más tradicional es recorrer las calles de la ciudad contemplando las fallas, mientras se disfruta de un exquisito chocolate con bunyols de carabassa.

El día 15 de marzo empieza la plantà y el 16 a las ocho de la mañana ya está cada falla en su lugar, más de 700 monumentos algunos de 25 metros de altura.

Como presagio primaveral, las Fallas se viven en la calle por el buen tiempo que normalmente hace y porque la ciudad se convierte, toda ella, en peatonal. El sonido de la música festera y el olor a la pólvora y a las flores acompañan a otro aroma típicamente fallero para los valencianos: el de los buñuelos. Lo más tradicional es recorrer las calles de la ciudad contemplando las fallas, mientras se disfruta de un exquisito chocolate con bunyols de carabassa.
Desde el 1 de marzo en Valencia, todo el mundo tiene una cita a las dos en la plaza del Ayuntamiento para ver la mascletà, la sinfonía del ruido. Las mascletà es un espectáculo para los sentidos: se oyen los masclets, se ve el fuego y el humo y se huele la pólvora, pero sobre todo se siente la vibración que sube por las piernas y recorre todo el cuerpo.


La Tomatina de Buñol - Valencia (Último miércoles de Agosto)

Ya son varios los años desde que la Tomatina pasará a ser una fiesta "de pago", después de que el Ayuntamiento decidiese reducir el aforo a la mitad, llegaron a congregarse cerca de 45.000 participantes en 2012, y poner a la venta 17.000 entradas a 10 euros, dejando el resto para vecinos de esta localidad de poco más de 9.000 habitantes.


En este proceso de privatización y comercialización de la fiesta, en el que se ha ampliado la oferta festiva con actividades infantiles y espectáculos musicales, sin embargo, se mantiene inmutable el protagonismo del tomate y del exceso, ya que se realiza una descarga de cerca de 140 toneladas en apenas una hora.

La gestión de esta Fiesta de Interés Turístico Nacional, que el consistorio encargó a una productora para, según el alcalde, tratar de reducir el "incordio" que supone para los vecinos y rentabilizar la masiva llegada de turistas, no se encuentra exenta de polémica año tras año.

La adjudicación de la organización de este acontecimiento tan singular, que nació de forma espontánea como una batalla entre vecinos y ha logrado perpetuarse contra la reticencia inicial de las autoridades, está siendo actualmente investigada por la Fiscalía Anticorrupción.

Pero con independencia de los mecanismos internos de la fiesta, a los que con toda seguridad permanecen ajenos los miles de turistas de todo el mundo que llegan para vivir una experiencia única, el espectáculo de la Tomatina sigue siendo un foco de atracción inimitable.

Las calles de Buñol sirven de plató para el rodaje de al menos una película y un anuncio publicitario; y parte de los ingresos generados por la venta de entradas se destinan a la ONG india Lokpanchayat, que trabaja con mujeres en riesgo de exclusión y por la construcción de infraestructuras hídricas, entre otros proyectos.


El pasado año, por primera vez, la Tomatina se pudo seguir en directoa traves de internet con varias cámaras fijas y una subjetiva que llevaba a un reportero a pie de calle.

En apenas una hora, entre las 11 y las 12 horas de mañana, varios camiones volquete cargados al máximo de tomates esparcen su carga en las calles de Buñol dejando tras de sí un auténtico caudal de rojo viscoso, un río de tomates que, también de forma espectacular, desaparece sin dejar rastro gracias a la coordinación y experiencia de los vecinos.